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Juan Sainz de los Terreros

«Silicon Valley es un casino donde sólo se oye a los ganadores» (David Roberts)

innovacion

Mucha gente pone como ejemplo de un lugar donde salen grandes empresas a Silicon Valley. Y es cierto. Pero también es cierto que como dice David Roberts, vicedirector de la Singularity University -el centro educativo levantado por Google y la NASA en Silicon Valley- que «Silicon Valley es un casino donde sólo se oye a los ganadores».

Es así y también lo sabemos. Es evidente que la gran mayoría de empresas que están instaladas en Silicon Valley no llegan a buen puerto y muchas quiebran a los pocos años de nacer. Y hablamos de quiebras de empresas en las que se han invertido muchos millones de dólares. Pero lo que queda es que merece la pena tener un lugar y una mentalidad que ayude, apoye de verdad a los emprendedores y una comunidad inversora que les dote de dinero para poder sacar adelante algunos de los proyectos que tienen.

Muchas empresas que están en Silicon Valley dan el salto a los mercados de valores con debuts en el Nasdaq, NYSE o en otras bolsas mundiales. Esta situación no garantiza ni mucho menos el éxito. Es una etapa más de las compañías. También, la comunidad inversora y habituada en invertir en este tipo de compañías saben que muchas de esas empresas que dan el salto a las bolsas quebrarán provocando pérdidas en los inversores que en algunos casos llegarán al 100% de lo invertido. Pero sigue imperando la mentalidad de que merece la pena y por eso todos los años se destinan a este tipo de compañías cientos y miles de millones de dólares.

España lo tiene todo para ser el Silicon Valley de Europa. Ya se ha hablado y escrito sobre esta situación privilegiada que tenemos. Existen muchísimos ingredientes para atraer a España y focalizar en cualquier región del país un lugar del estilo a Silicon Valley. Un lugar donde se destinen cientos de millones de euros a invertir en proyectos y emprendedores que tienen entre manos las grandes empresas del futuro. Lo malo es que nos sigue faltando algo importante. Creo que nos falta esa mentalidad que tienen en lugares como Silicon Valley que acepta el fracaso de los demás sin pensar que nos han tomado el pelo, sin “criminalizar” a aquel que no ha podido sacar un proyecto adelante y ha perdido mucho dinero, etc. Es cierto que en todos los lugares habrá de todo. Pero partir de la base de que o tienes éxito o has hecho un trabajo nefasto y además ese fracaso te perseguirá durante mucho tiempo haciéndote muy difícil volver a pedir financiación para otros proyectos que quieras sacar adelante, nos sitúa en una situación de desventaja que a la larga nos está haciendo daño.

Todos queremos que nuestros científicos e ingenieros se queden en España. Sabemos que tenemos a jóvenes con una preparación extraordinaria pero que en España no tienen cabida. Todos nos llevamos las manos a la cabeza con la tasa de paro juvenil que tenemos. Pero es que para sacar adelante proyectos, necesitamos dinero, muchísimo dinero y una comunidad inversores que quiera invertir en estas personas, que se creen empresas que entrañen mucho riesgo sabiendo que bastantes quebrarán. Necesitamos no castigar a los emprendedores que con esfuerzo y honradez no han podido sacar adelante los proyectos presentados. Es cuestión de apostar por muchos y que algunos consigan el éxito. Compensa y mucho que sólo unos pocos consigan triunfar. Una empresa que no ha conseguido triunfar y que hay que liquidar, es una compañía que ha dado trabajo y ha dotado de experiencia a muchas personas. Eso ya vale. Es además es un activo importantísimo para el futuro de esas personas. Y cuando una compañía tiene éxito, la rentabilidad obtenida por los inversores compensa muchos fracasos.

David Roberts

David Roberts lo tiene claro sobre qué ocurre en España. Recientemente ha visitado Madrid para hablar de innovación disruptiva, en la ceremonia de clausura de los Premios Everis y lo comento bien claro: “Silicon Valley es un casino, y si entras a un casino ves un ambiente emocionante por el sonido de las tragaperras ganadoras. Las máquinas que pierden no hacen ruido. Oyes hablar de Uber, AirBnb, Google y Facebook porque son las máquinas que ganan, oyes su ruido. Pero por cada Uber fallan cien empresas. Es una carnicería. Hay ganas de correr riesgos, pero más importante, hay una comprensión del fracaso, y creo que esta es una lección que España, con sus brillantes científicos e ingenieros, debería aprender.”

Pues eso, no condenemos el fracaso y aunque demos bombo a los éxitos, que sepamos que por cada éxito hay muchos fracasos. La clave es darse cuenta que esos fracasos son necesarios para ver grandes éxitos y grandes compañías en el futuro.