La FED dio este miércoles, 18 de marzo, de nuevo un golpe sobre la mesa.
No parece que a sus dirigentes les vaya a temblar el pulso para tomar decisiones que vayan directamente a combatir los principales problemas que tiene su economía con independencia del coste que éstas supongan.
Por lo tanto tiene claro lo qué debe combatir y, aunque entiendo que serán conscientes de las posibles consecuencias o efectos secundarios que puedan tener las decisiones que hoy están tomando, no parece que se vayan a asustar para llevar a cabo sus medidas.
El mercado de crédito y el sector inmobiliario están muy enfermos y como si dijéramos un simple «paracetamol» no les hace nada. Lo que es peor, es que están contagiando su enfermedad a TODA la economía del país.
Parece que han tomado al pie de la letra lo de «a grandes males, grandes remedios».
Las medidas que se tomaron ayer creo que son medidas muy buenas si no nos paramos a ver lo que les va a «costar» en términos económicos y temporales llevarlas a cabo y «sanear» por tanto dichas medidas. Es decir, esa inmensa cantidad de dinero deberá salir de algún sitio y los impuestos tienen todas las papeletas de ser los encargados de hacer frente a la mayor parte de esa cantidad. Pero es que la cifra es para pararse un momento a analizarla, sobre todo si la añadimos a las anteriores cifras de las medidas ya tomadas por la FED en los últimos meses.
De todas formas, lo que parece estar diciendo la FED es: «O solucionamos el problema de hoy y luego ya veremos cómo solucionamos los problemas del futuro, o como esperemos mucho más, las posibilidades de salir la crisis son casi nulas, por no decir nulas».
Por lo tanto, la envergadura del problema es tal, que parece dar igual tomar medidas que les «hipotequen» y que les vayan a hacer sufrir durante los próximos años, pero es que el tiempo se acaba. Parece dramática la situación, pero es que de alguna manera la es, y además pienso que «los» de la FED se están empezando a ver acorralados y quieren como sea salir de la situación en la que están.
Al comprar deuda del Tesoro, la Fed busca disminuir los tipos de interés a largo plazo de la deuda pública, y con ello, de forma indirecta, de la privada (préstamos hipotecarios, de consumo y a las empresas). Dada la imposibilidad de provocar este efecto bajando más los tipos de interés de intervención, los cuales están ya en un rango entre el 0 y el 0,25%, esta medida sin duda es otra manera de provocar el descenso del coste de financiación de las empresas y de las familias. La medida parece haber resultado efectiva en su primer impacto al mercado. La tasa de referencia de los bonos a 10 años del Tesoro han caído en 24 horas del 3,01% al 2,5% (situándose en zona de mínimos históricos).
Por otro lado, la adquisición de deuda hipotecaria facilitará la refinanciación de ésta por los propietarios de viviendas, lo que quitaría presión al mercado inmobiliario.
Otro de los efectos a corto plazo, sin duda lo ha sufrido el dólar. La divisa estadounidense ha pasado de los 1,31 dólares por euro a los que cotizaba por la mañana del miércoles, a 1,35 después de hacer pública las medidas.
Por lo tanto, por lo menos en EEUU parece que están intentando «coger al toro por los cuernos» aún con el riesgo de ser empitonados. En Europa y en España, está «decisión» hoy por hoy no parece que la estemos viendo.