Otro artículo escrito hace más de 8 años que recupero. Como ya he comentado, estos artículos los escribía sin saber qué hacer bien con ellos pero que lo hacía para quería dejar constancia de cómo veía yo la Bolsa y lo que la experiencia (muy poca por aquel entonces, un par de años sólo) me iba enseñando.
En este caso dejo este artículo: El pasado, presente y futuro en Bolsa.
Los análisis que se realizan en Bolsa pueden desprender conclusiones muy negativas, negativas, normales, positivas o muy positivas. El fundamento de la realidad que se analiza no está en el presente, o en la realidad del momento. El presente “en teoría no vale”, o mejor dicho, lo que vale es lo que pasará en el futuro. La realidad del momento puede ser muy mala pero los mercados podrán llevar otro sentimiento más positivo, ya que la Bolsa lo que descuenta es el futuro, y si este se prevé favorable, la Bolsa irá comportándose favorablemente. Empezamos a entrar en lo verdaderamente difícil en Bolsa: “anticiparse al futuro”. Aquí está el inicio de prácticamente todos los problemas de los mercados financieros en general y de los de renta variable fundamentalmente.
Pasado, presente y futuro en Bolsa, ¿cuál de todas es la clave? Las tres son muy importantes, tanto el pasado como el presente tienen su importancia, pero la clave es el futuro.
El “pasado” da experiencia, intentaremos utilizarlo como herramienta para intentar explicar el presente y sobre todo para intentar anticiparnos al futuro.
La cita “el mercado es soberano y siempre tiene la razón” explicaría lo que significa el “presente” en Bolsa. Por mucho que creamos, ya sea por estudios complejísimos, sencillos, porque nos han dicho (“expertos”, “mi primo”, “el vecino”), o por inspiración divina que una empresa vale 15€ por acción, si el mercado “dice” que “vale” 10€, esa empresa tendrá un precio por acción de 10€ en ese momento. Si quieres negociarlo tendrás que comprar o vender a como esté la oferta y la demanda en ese momento (se situaran en torno a los 10€). Por eso digo que “el mercado es el que es y no el que queremos que sea”. Las empresas está claro que tienen un valor contable presente o una valoración financiera que en la mayoría de los casos, por no decir todos, no coincide con el precio que indican los mercados financieros. Si quieres comprar en Bolsa unas acciones las tendrá que comprar al precio que diga el mercado independientemente de su valor contable presente ya que en el precio no se refleja el presente de dicha empresa, sino que lo que se descuenta son sus beneficios futuros (lo que valdrá la empresa en el futuro).
El “futuro”, qué palabra más bonita y más complicada para intentar adivinarlo. Si pudiéramos adivinar ese futuro, ¿dejaría de ser futuro? Vaya pregunta. Lo más bonito y la esencia de lo que significa el futuro, es precisamente que no sabemos cuál va a ser. Es cierto también, que en ocasiones el futuro es bastante predecible. Aún con mucha probabilidad de anticiparnos al futuro, yo no me jugaría el todo por el todo, y menos en Bolsa, porque el futuro por muy probable que parezca, es incierto. Por ejemplo, si un partido de fútbol va 3 – 0 y quedan 30 minutos para que se acabe, lo más lógico es que el que va ganando acabe el partido ganando. Pero a ese partido le pueden ocurrir muchas cosas extraordinarias que se nos pueden escapar. Puede existir una alineación indebida de la cual no seamos conscientes, que expulsen por cualquier circunstancia a 4 jugadores del equipo que va ganando y acabe el partido como perdedor, o cualquier hecho que haga que el equipo por el que nadie daba ni un euro sea el vencedor final, llegando incluso a arruinarse aquellos que dieron todo por el que iba ganando porque “estaba clarísimo” que iba a ganar. Este ejemplo pone de manifiesto un caso extremo y extraordinario, pero no lo olvidemos ya que creo que es mejor ser consciente de que cosas extraordinarias pueden ocurrir sobre todo cuando estamos invirtiendo o “jugando” con dinero.
En Bolsa, para mí, lo único claro que hay es la oferta y la demanda del presente, la pura realidad del momento. Si esos precios los preveíamos, muy bien por nosotros, pero lo que mucha gente dice de “estaba claro que iba a llegar a esos precios” en un determinado intervalo de tiempo, no me convence mucho porque ¿cuántas veces se han previsto precios en Bolsa que no han llegado? Entonces cuando salen bien las predicciones, “estaba claro”; y cuando salen mal…
La diferencia entre las valoraciones de las compañías o el valor contable de las empresas y el valor en Bolsa vienen derivado del descuento futuro del negocio que hacen la multitud de inversores de esas mismas compañías. Si a una determinada compañía de repente se le prevé que en un año va a firmar un contrato por el que con mucha seguridad empezará a doblar sus beneficios, el valor en Bolsa empezará a subir, en un intervalo de tiempo corto o largo ya que ahora se está valorando a la empresa mucho más de lo que vale hoy contable o financieramente hablando, de ahí que existan diferencias. Depende de lo que prevea cada inversor dependerán las diferencias de precios. De ahí la frase “la Bolsa siempre tiene la razón porque anticipa la evolución de las economías y de las empresas”, la cual pongo en duda, porque yo me pregunto, cómo la Bolsa puede adivinar el futuro si la Bolsa está formada por personas (inversores) los cuáles dudo mucho que tengan el “don” de predecir el futuro por mucha información que posean. Si los mercados financieros los formamos las personas, cómo se pueden dar valoraciones surrealistas en las que ni los más optimistas pueden prever un futuro económico (tanto para una economía nacional como para una empresa) tan bueno o por el contrario tan desastroso que es prácticamente imposible que ocurra. Creo que ocurre porque es la condición del ser humano. Lo distintos sentimientos y dejarse llevar tanto por la euforia como por el pánico en muchas ocasiones lleva a ver unos precios de las acciones injustificables con algo de sentido común y de objetividad. Por ejemplo, cómo dejaron llevar a Terra desde su salida en Bolsa por el entorno de los 13€, a en pocos meses cotizar a más de 150€, más de un 1000% (cotización que se vio el día que cerró en su máximo histórico). Si se analizaba el futuro que le descontaban los inversores, situando al portal de Internet con pocos empleados y sin todavía mucha infraestructura (aunque con el respaldo de una gran compañía como Telefónica) como una de las 5 empresas de más capitalización de la Bolsa española, pienso que no cabía explicación ninguna para esa cotización ya que lo que descontaban era imposible (por no decir imposible, la probabilidad de que Terra llegara a ese futuro podría ser de una entre un millón). Pues la euforia era tal en ese negocio que todo era posible.
Este hecho lo reafirmo al creer que los seres humanos tropezamos varias veces con la misma piedra y cometemos varias veces los mismos errores (y de eso en Bolsa hay mucho). Aunque en ocasiones aprendemos de ellos, en otras volvemos a tropezar en los mismos. Los políticos, analistas, operadores, sin querer con esto particularizar en quién tiene la culpa, con su exceso de optimismo o pesimismo, provocan en ocasiones que se vuelvan a cometer errores del pasado; pero como ya he dicho la culpa no tiene un sólo responsable, el último es el inversor, el cual tiene que saber por dónde se mueve y qué es realmente lo que está haciendo.
En definitiva, ¿quién conoce realmente el futuro? No lo sé, pero de lo que estoy convencido, es que no existen muchas personas que puedan adivinarlo. Videncia o lo que sea, en Bolsa todo el mundo se intenta anticipar al futuro. Es decir, si hoy compramos unas acciones de Telefónica, las compramos con el pensamiento de que en un futuro cercano o lejano las vamos a vender más caras y así obtener una rentabilidad. Qué ocurre en esa operación: que cuándo tú compras, alguien te las vende. Entonces el que te las vende es tonto (y perdonen la expresión), porque si tu sabes que en un futuro las vas a vender más caras, el que te las vende también las podrá vender más caras y obtener una mayor rentabilidad. En ocasiones, las razones de un inversor para vender puede ser la necesidad de recuperar ese dinero por cualquier circunstancia sin la posibilidad de esperar más. Pero si uno no tiene la necesidad de vender por tal motivo, qué razones hay para vender. Con esto, un aspecto que yo creo hay que tener muy claro, es que para comprar necesitamos a un vendedor y viceversa, parece obvio. El que compra piensa que ese valor va a subir y el que vende, que ese valor va a bajar o por lo menos que le queda muy poca subida y antes de que le coja descolocado, lo vende. En condiciones normales estos son los dos pensamientos contrapuestos que deben cruzarse en una operación, el del que compra (piensa que el valor subirá) y el del que vende (quien piensa que ese valor bajará). Todo esto hablando de una manera sencilla ya que existen en ocasiones coberturas, etc, que hace que el que vende no tenga por qué pensar que ese valor vaya a caer.
Es también importante saber que otra razón de venta es la aceptación de la rentabilidad obtenida. Es decir, si compro un valor y al mes está un 10% por encima de cómo le compré, al venderlo (con esa rentabilidad supone haber realizado una buena inversión sin duda (12 de esas operaciones al año y la rentabilidad sería de un 120% anual). Pero aquí llegamos a lo de siempre, si vendo alguien me las tiene que comprar. Si ese valor ha subido en un mes un 10% y el nuevo comprador busca sacarle un rendimiento a su inversión, dicho valor tendrá que seguir subiendo. Si este proceso se sigue repitiendo, cuándo se parara. Los valores o los índices no suben eternamente ni bajan eternamente. Las valoraciones o los análisis pueden ser positivos para un valor pero luego están las inversiones de los inversores. Bien o mal valorada una acción, lo importante es sacarle una rentabilidad a tu inversión. Si no, por qué en ocasiones se compran acciones que se sabe que están sobrevaloradas; pues porque pensamos que seguirán subiendo y que podemos sacarle una rentabilidad a esa operación. Pero ¿qué ocurre cuando no se “saca” dicho beneficio y se empieza a perder dinero de manera considerable? ¿Cuál es nuestro límite de perdidas? Si un valor lleva un 50% de subida en tres meses, ¿por qué compramos si parece que ya es una rentabilidad difícil de superar? En la mayoría de las ocasiones, este tipo de preguntas surgen a posteriori, ya que cuando salen mal las inversiones les buscamos los por qué, las causas, pedimos explicaciones hacemos muchas preguntas, las cuales, en el caso contrario, el de las ganancias, cuando salen bien las inversiones, no se hacen con tanta insistencia o lo que es lo mismo, no se suelen pedir tantas explicaciones.
Una vez comprado un valor, qué pasa cuando empezamos a ver que en vez de subir, empieza a bajar. Cayendo un acción un 10% sobre nuestro precio de compra, puede que sea suficiente para decidirnos por no perder más y vender, o lo contrario, cayendo un 10% (en poco tiempo por ejemplo) podemos pensar que tiene que recuperarse un poco y así poder venderlas con menos pérdida o incluso con beneficio, en el mejor de los casos, pero puede que al esperar las pérdidas vayan aumentando; ¡Qué dilema! Si decidimos vender, será más presión para el valor (o más ventas) lo que si se traduce en sólo nuestra operación no supondrá nada (siempre encontrándonos en un mercado organizado y líquido, con un alto volumen de negociación), pero como se sucedan muchas operaciones, exista un sentimiento de venta generalizado en el mercado, el descenso del valor sigue asegurado. ¿Cómo se mide el pánico o por el contrario la euforia? ¿Hasta donde llega la ambición por seguir ganando o el miedo a perder más?. Pánico, euforia, miedos y ambiciones son muy difíciles de medir (por no decir imposible).
También hay que considerar desde mi punto de vista, que en Bolsa, a pesar de lo que puedan decir muchos, no hay prácticamente nadie que sea “tonto”, o lo que puede ser lo mismo, que no creo que seamos más listos que nuestra contrapartida. O todos somos muy listos o todos somos muy tontos.
Yo no pienso que sea mucho más listo que la mayoría del mercado, ni simplemente más listo, soy uno más. Sí es cierto que hay unos pocos que son más listos, y me puedo quedar corto, bastante más listos que los demás, pero aquí entra la información privilegiada, la cual existe y seguirá existiendo. Trampas aparte, en mercados organizados, con un volumen de negocio elevado y sin problemas de liquidez, los adivinos y futurólogos no abundan, más bien escasean.