Hace unos días leí en el libro «Trading diario en el Mercado de Divisas» de Kathy Lien, una descripción corta y sencilla de lo que ocurrió en Japón en los años 80 y su posterior crisis financiera.
Os dejo el texto:
«En los años 80, el mercado financiero del Japón era uno de los más atractivos del mundo para los inversores extranjeros que buscaban oportunidades en Asia. Tenía los mercados de capitales más desarrollados de la región, y su sistema bancario se consideraba uno de los más sólidos del mundo. En esos momentos, el país vivía un crecimiento económico por encima de la media y una inflación prácticamente nula, lo que creó expectativas de un rápido crecimiento, impulsó los precios de los activos y produjo una veloz expansión del crédito, conduciendo a la creación de una burbuja que estalló entre 1990 y 1997, generando una caída de 10 billones de dólares en los precios de loa activos. La caída de los precios de los bienes raíces representó cerca de un 65% del declive total, equivalente a dos años de producto nacional. Esta caída de los precios de los activos fue el detonante de la crisis bancaria en el Japón. Comenzó a principios de los años 90 y luego se convirtió en una crisis abierta en todo el sistema en 1997, tras la quiebra de varias instituciones financieras de alto perfil. Varios de estos bancos e instituciones financieras habían concedido préstamos a los constructores y grupos inmobiliarios durante el auge de la burbuja, en los años 80, usando como garantía los terrenos. Tras el colapso de la burbuja, varios de ellos no fueron capaces de pagar, cargando a los bancos japoneses con deudas incobrables y garantías cuyo valor era a veces de un 60 a un 80% menor del que tenían cuando se asignaron los préstamos. Debido al gran tamaño de estas instituciones financieras y su papel en la financiación corporativa, la crisis tuvo profundos efectos en la economía japonesa como en la mundial. La economía del Japón se ha visto limitada durante casi dos décadas por enormes deudas incobrables, una caída de los precios de las acciones y un sector inmobiliario colapsado.
Además de la crisis bancaria, Japón tiene el más alto nivel de deuda de entre los países industrializados, con más de un 140% del PIB. Como resultado del deterioro de la posición fiscal del país y su deuda pública en aumento, Japón vivió más de 10 años de estancamiento. Debido a esta gran carga de deuda, el país corre el riesgo de sufrir una crisis de liquidez. El sector bancario se ha vuelto altamente dependiente del potencial rescate o blindaje del Gobierno. Como resultado, el yen japonés es muy sensible a los acontecimientos políticos y a cualquier comentario o discurso de autoridades del Gobierno que pueda dar indicios de cambios potenciales en la política fiscal y monetaria, propuestas de posibles blindajes y cualquier otro rumor.»
No os recuerda a algo? La historia se repite? Volvemos a tropezar con la misma piedra?
El único consuelo, es que supongo que las autoridades que tienen la responsabilidad de tomar medidas para paliar la crisis que vivimos, tienen un espejo donde mirar y que las soluciones que se tomen sean más efectivas que las que se tomaron en Japón para poder salir de la crisis actual de la mejor manera y en el menor tiempo posible. Aunque también entiendo que no es nada fácil el papel que tienen estas autoridades u organismos oficiales.
Cada crisis es diferente y cada momento también. No hay recetas mágicas, pero tener un referente es bueno para intentar aprender e intentar mejorar.